A esa fábrica de huelgas

Aquella noche no llovió, pero amanecí con el alma inundada…

 

Me resumo en ti, al final de cada libro,

en la visión disgregada de tus pasos,

en el silencio en que arden los deseos,

abrigando la espera sin preámbulos.

 

Porque redimo el olvido a tu lado,

suspirando libertad en un solo verso.

 

 

Repetición de lo que nunca alcanzamos,

fumando un siglo en media hora,

sobre los pasos grises de un regreso,

caricias que encienden la memoria.

 

Un mundo en tu voz,

danzantes formas que inundan los sentidos,

fundidos en tu piel, cadáver dulce de la derrota,

brota de la ausencia, entrelazada en tu silencio.

 

Manuel de la Cuesta  01/01/2016

 

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