Rabindranath Tagore. “Nacionalismo”. Primera Parte

Buenas amigos y amigas, en esta oportunidad, como lo prometido es deuda les traemos el análisis sobre Nacionalismo entre George Orwell y Rabindranath Tagore. Muchas Gracias por leernos.

Comenzaremos con el análisis deRabindranath Tagore sobre Nacionalismo.

En esta obra Tagore, hace hincapié en la diversificación del nacionalismo, con características propias de las diferentes culturas y naciones en las cuales basa su análisis, y también en el contexto en los cuales se dan las acciones y dinámicas históricas correspondientes a cada etapa y periodo del territorio, sea nación o región, que estudia.

Mas allá del análisis contextual, y pragmático utilizado por Tagore es una cuestión conceptual y referente al dogmatismo, que nos inquieta. Sin más preámbulo, nos aventuramos a este interesante resumen analítico.

Tagore, expone en tres apartados sobre una misma concepción de Nacionalismo, en tres regiones que tendrán justificación, cuestión que mas adelante argumentaremos. Estas regiones son:

El Nacionalismo en Japón.

El Nacionalismo en Occidente.

El Nacionalismo en La India.

El Nacionalismo en Japón.

Tagore comienza su análisis con la cuestión histórica a la que sometía  a Oriente, cuestiones que hacen mancillar la relación con el pasado, una acusación y cuestionamiento recurrente por parte del avance Occidental, de ese “renacimiento” histórico y también mezquino de Occidente. Y así dentro de esas concepciones creídas y asumidas por los pueblos de Asia, Japón se despertó del letargo;

“Habíamos olvidado que en Asia se fundaron grandes imperios en los que florecieron la filosofía, las ciencias, las artes, y la literatura y que fue cuna de todas las grandes religiones del mundo” (1)

Estipula el lapso en que Oriente, en su letargo, comenzó efectivamente a consumir de su historia, y no replantearse nuevas metas, en lo que acontece a la humanidad, un pesado y largo sueño en el que se sumergieron, obedecía a las costumbres, los hábitos y la seguridad que generan sus pertenencias, no permitiendo así el contacto con nuevas sendas y experiencias.

Habla del rápido derrumbamiento de esas murallas de sueño que dormían al pueblo, por parte de Japón, acontecido con tal rapidez que se dudaba de su prolongación histórica, y se lo consideraba efímero y pasajero. Pero Japón demostró que no es así, puesto que conlleva en su trajín la plenitud de lo nuevo, mezclado y unido al legado ancestral de Oriente.

Con el ejemplo de Japón hacia el resto de Asia, nace la tesitura en la cual se propiciará el debate, la imitación por un lado, y la concepción propia de la identidad y naturaleza de cada pueblo. Tagore descarta la idea de que Japón asimila el proceso de imitación y simulación, puesto que no asegura prolongación ni profundización cultural, hay cuestiones naturales que impiden que sea un camino seguro y perdurable por la mera imitación sistemática de Occidente.

“En la fase imitativa de la escolarización no somos capaces de distinguir entre lo que es esencial y lo que no, entre lo que es transferible y aquello que no lo es (…) Allí donde surge la vida, esta se afianza aceptando o rechazando según sus necesidades constitutivas. El organismo vivo no se fusiona con su alimento, lo transforma en su propio cuerpo. Solo así se hace fuerte, no por mera acumulación de posesiones o renunciando a su identidad”. (2)

Como el proceso de industrialización occidental daba sus primeros pasos en Japón  mediante los mecanismos políticos y económicos de la revolución Meiji de tendencia conservadora, impulsando el desarrollo económico e industrializado, entre guerras intermedias, en las cuales su avance se vio consecuente al consumo económico-bélico contra otras naciones de Asia, (Rusia y China) por mencionar algunas, y además referentes a su ordenamiento social, guerras civiles internas. Anexo.

Por esta razón Tagore, preveía en relación a su futuro los caminos que adoptaría esta nación de oriente. El hecho de ser sólo la marioneta de Occidente, echaría a perder la gran iniciativa del pueblo con identificación propia, puesto que Occidente “expone al mundo a graves cuestiones para las que no ha sido capaz de hallar soluciones, a saber: conflictos entre individuos y estado, entre trabajo y capital, entre hombres y mujeres, la disyuntiva entre el afán de prosperidad material y la vida espiritual, entre el egoísmo organizado de las naciones y los ideales mas elevados de la humanidad(…)” (3)

El avance civilizatorio de Occidente ha traído muchos mas amenazas para el hombre, que cualquier hecho de barbarie en la antigüedad, sus falsos alardes de libertad han traído al hombre mas esclavitud, con formas mucho peores, invisibles para el hombre, puesto que se disfrazan de libertad y progreso. En este sentido propone el hecho de no aceptar ciegamente los propósitos e ideales modernos de occidente sin considerar la propia mentalidad y cultura, En su crítica a Europa precisamente argumenta el gran poderío económico, que devora las naciones y sustrae de el riquezas, dejando muerte y odio a su paso por todas partes del mundo, cuestión que alerta a Japón en su proceso, como voz contestaría a Europa por los designios de la humanidad, en sus debates filosóficos y humanistas. “Posee tendencias carnívoras y caníbales, se nutre de los recursos de otros pueblos cuyo futuro intenta fagocitar. Siempre teme que otras razas logren cierta preeminencia e intenta frustrar todo síntoma de grandeza que detecte fuera de sus fronteras, manteniendo a las razas mas débiles eternamente encadenadas a su debilidad”. (4)

En la segunda parte Tagore, hace un panorama completo de lo que analizo en su visita a Japón en analogía con otras naciones del mundo, incluyendo occidentales, destaca la simplicidad de su poderío, su conducta férrea y sus demostraciones de gratitud y amor en la sociedad, en contraste con la frivolidad y extravagancias europeas. Un análisis cultural sumerge a Tagore en la belleza del arte y la ciencia Japonesa. Que se ha dado en equilibrio con la organización europea en materia económica, comercial, política y científica pero el aporte de Japón en belleza, genialidad y naturaleza.

Concluye con un análisis repleto de analogías y metáforas de considerable belleza en las que explica la razón de la meticulosidad con la que se debe aceptar los métodos occidentales en oriente y frases aplastantes: “Europa no está dispuesta a renunciar a su inhumanidad pontica, con las bajas pasiones que conlleva. Sólo cree en la medicación de los sistemas, no en los cambios de actitud”.(5)

“Hemos de reconocer que Occidente posee un espíritu vivo que lucha en las sombras contra esas inmensas organizaciones, que aplastan a hombres, mujeres y niños y cuyas necesidades mecánicas violan las leyes espirituales y humanas”. (6)

“¿Acaso no percibimos la voz que resuena por encima del clamor de la batalla, los gritos de odio, los sollozos de desesperación, la indescriptible fermentación de  la inmundicia acumulada durante siglos en el corazón del nacionalismo?” (7)

“¿Acaso esa voz no nos dice a gritos que la torre del egoísmo nacional, que se hace llamar patriotismo y eleva hacia el cielo su estandarte de traición se tambaleará y caerá con gran estruendo, hundida bajo su propio peso, y que sus pendones morderán el polvo y su luz se apagará?” (8)

Bajo ésta estipulación, suponía la hermandad de los pueblos en sus diferencias, remarcando la solidaridad y la cooperación mutua, cuestión imposibilitada en Europa, cuestión que no seria posible sin la destrucción del orden nacionalista, remarcado como egoísta, en una colisión de percepción bélica, como se vería a posterior, pero de extracto diferente al propuesto por Tagore.

(1)(2)(3)(4)(5)(6)(7)(8) “Nationalism”, Great Ideas series, Penguin Books Ltd. UK. 2009 edition. / Nacionalismo. ed. Taurus . Argentina. 2012. Trad:  Federico Corriente Basús y Sonia Chaparro

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